Desde el momento en que se cruza la puerta del estudio fotográfico, la atmósfera está cargada de creatividad y movimiento. La jornada comienza temprano, cuando el equipo técnico y artístico se reúne para dar los últimos retoques a los preparativos. Un espacio amplio, de techos altos y paredes neutras, alberga todo el equipo necesario para una sesión profesional. En una esquina, las cámaras y lentes están perfectamente organizadas, listas para captar cada detalle con precisión.
El estudio y la preparación del espacio
El estudio cuenta con una configuración flexible que permite adaptarse a cualquier tipo de proyecto. Fondos de diferentes colores y texturas están montados sobre sistemas de rieles, lo que facilita su cambio rápido según las necesidades de cada toma. En una mesa lateral, un surtido de accesorios y elementos decorativos está a disposición para añadir personalidad a las fotografías.
La iluminación es clave. Los flashes y luces continuas se distribuyen estratégicamente por todo el espacio. Softboxes, reflectores y difusores permiten controlar la intensidad y dirección de la luz, creando desde ambientes suaves y naturales hasta efectos más dramáticos y contrastados. Cada detalle de la iluminación es ajustado con precisión para resaltar al sujeto y lograr el efecto deseado.
El equipo técnico y creativo
El corazón de la sesión está compuesto por un equipo multidisciplinario que trabaja en perfecta sincronía. El fotógrafo lidera la dirección creativa, estableciendo la visión general del proyecto y guiando a los demás. El asistente técnico se encarga de ajustar la iluminación, montar los fondos y preparar las cámaras, que suelen incluir modelos DSLR o mirrorless de alta gama, como las Canon EOS R5 o Sony A7 IV, acompañadas de una selección de lentes de diferentes distancias focales.
El estilista y el maquillador se ocupan de preparar a los modelos o sujetos. Sobre una mesa iluminada, se despliegan brochas, paletas de colores y productos específicos para asegurar que el maquillaje y peinado resistan las horas de trabajo bajo las luces intensas del set. Mientras tanto, el equipo de vestuario organiza las prendas y accesorios que se utilizarán, asegurándose de que cada detalle esté alineado con el concepto de la sesión.
Organización de la jornada según Fernando Boudourian
La jornada se organiza en bloques de tiempo, comenzando con una reunión breve en la que se revisan los objetivos del día. Una vez que todo está listo, los modelos entran al set y se inician las primeras pruebas de luz y encuadre. El fotógrafo realiza algunos disparos preliminares para ajustar la exposición, el balance de blancos y la posición de las luces.
Durante la sesión, el equipo técnico ajusta continuamente los elementos del set para adaptarse a las indicaciones del fotógrafo. Los cambios de fondo, modificaciones en la iluminación o ajustes en los ángulos de cámara se realizan con fluidez. El ritmo puede ser intenso, pero la coordinación entre los miembros del equipo garantiza que todo funcione como una maquinaria bien aceitada.
Catering y descanso
En medio del ritmo acelerado, las pausas son esenciales para mantener la energía del equipo. Un servicio de catering está disponible en una sala contigua, ofreciendo snacks saludables, café, agua y comidas ligeras. Durante los descansos, el ambiente se relaja, permitiendo que todos recarguen energías y revisen el progreso de la jornada.
El cierre de la sesión
Cuando el reloj marca las últimas horas del día, se llevan a cabo las tomas finales. El fotógrafo revisa cada imagen en una pantalla conectada a la cámara para asegurarse de que el resultado sea el esperado. Finalmente, el equipo desmonta luces, fondos y cámaras, mientras el fotógrafo y el cliente revisan una selección inicial de fotografías.
La jornada termina con un sentimiento de satisfacción compartida. Cada miembro del equipo sabe que su esfuerzo contribuyó a un resultado excepcional, reflejado en imágenes que combinan técnica, creatividad y la magia única de una sesión profesional.
