Los filtros fotográficos en astronomía: fabricación, usos y recomendaciones

Para obtener negativos de estrellas en sus magnitudes fotovisuales, y para la compilación de mapas celestes fotográficos ampliados e impresos sobre papel —en los que interesa que las magnitudes estelares aparezcan poco discrepantes de las visuales—, deberá recurrirse a la adaptación de un filtro amarillo a placas ortocromáticas o pancromáticas.

Estas últimas, utilizadas con filtro amarillo, no presentan ventajas sobre las primeras y, como deben revelarse en la oscuridad, conviene sustituirlas por placas ortocromáticas revelables a la luz roja rubí. Solo se recurrirá a las placas pancromáticas cuando interese trabajar con filtro rojo.

Los filtros que se adaptan directamente delante de la placa son preferibles a los que van asociados al objetivo. En efecto, estos últimos deben reunir altas cualidades ópticas que los hacen tanto o más costosos que los mismos objetivos, mientras que los primeros son, relativamente, de fácil construcción. Sin embargo, téngase presente que su uso exige una rectificación del foco del objetivo, el cual es alterado por la longitud de onda luminosa empleada y por la refracción del vidrio, que —siendo el mismo utilizado en las placas— alarga de por sí el foco en una tercera parte de su espesor.

Damos a continuación la fórmula para la preparación de un filtro de esta clase:

Pésense los ingredientes con la mayor exactitud, teniendo cuidado de que la gelatina sea de la mejor calidad. Después de haber sometido la gelatina a un rápido lavado para eliminar rastros de polvo, colóquela en una cápsula bien limpia y agréguese el colorante y el agua destilada, dejando el todo en reposo.

Mientras tanto, límpiese bien el vidrio de una placa del mismo tamaño de las que se usan, desengrasándolo mediante un baño en solución débil de soda cáustica y un prolijo lavado que elimine todo rastro del álcali empleado. Séquese bien el vidrio con un lienzo suave y limpio, y colóquelo en posición horizontal, empleando a tal fin un nivel. Se aconseja hacer la nivelación sobre un trozo de mármol, pues éste mantiene el vidrio a una temperatura fresca.

Caliente a baño maría la cápsula que contiene el colorante, agitando el líquido con el bulbo de un termómetro hasta que la gelatina se haya disuelto, cuidando que la temperatura no sobrepase en ningún momento los 40 grados centígrados. Vuelque entonces la cantidad necesaria de líquido sobre el centro del vidrio y, mediante una varilla del mismo material, extiéndase uniformemente sobre toda la superficie a cubrir, llevando el líquido exactamente hasta los bordes.

Déjese secar el filtro sin descuidar su protección contra el polvo; para esto servirá un vidrio bien limpio y de mayor tamaño, suspendido a unos 8 a 10 centímetros por encima del filtro. La serie de operaciones descriptas deberá repetirse con otro vidrio de placa y, cuando los dos elementos estén bien secos, se unirán gelatina contra gelatina, con una tira bordeada.

Si la unión se realiza con una faja de papel engomado, aplicada en los bordes, servirá para mantenerlos fijos. No obstante, si se realiza con bálsamo del Canadá, la calidad óptica del conjunto resultará muy mejorada.

Para filtros rojos se procederá de idéntica manera, modificando como sigue la fórmula de los ingredientes:

  • Gelatina
  • Solución en agua destilada al 2½ % de Rojo II rápido para filtro: 2 g
  • Agua destilada: 30 cc

Filtros de preparación más sencilla —pero de calidad inferior— son los que se obtienen sumergiendo en una solución de colorante una placa no expuesta, fijada directamente y muy prolijamente lavada antes de ser pasada al baño de teñido. La dificultad consiste en conseguir que la coloración aparezca extendida de manera uniforme en toda la superficie de la placa.

En la actualidad, es fácil encontrar en el comercio filtros llamados peliculares. Se trata de delgadas hojas de gelatina convenientemente coloreadas. Bastará con cementar estas hojas entre dos vidrios planos y bien limpios, con ayuda del bálsamo de Canadá, para obtener un filtro excelente y de bajo costo.

La cementación se realiza depositando una gota de bálsamo en el centro de las caras de los vidrios, entre los cuales se coloca la película. Al comprimir el conjunto entre dos superficies planas, el bálsamo se distribuye uniformemente entre los vidrios, consiguiendo así la cementación del sistema. El bálsamo que rebasa se elimina pasando sobre los bordes del filtro un copo de algodón apenas humedecido con alcohol. Si el bálsamo fuera muy denso, convendría licuarlo calentándolo levemente a baño maría.