Enfoque y profundidad de campo

El enfoque del sujeto se efectúa variando la distancia entre el objetivo y el plano focal, y se puede comprobar en el visor réflex, en cuyo centro hay un sistema de control preciso astigmómetro, micro prismas, autofoco). En las cámaras que no son réflex el enfoque se puede controlar con el telémetro o autofoco, o bien por medio de símbolos o una escala métrica.

Un objetivo funciona haciendo que converjan en el plano focal los rayos luminosos procedentes de lo que está comprendido en su ángulo de campo. Podemos imaginar -ya lo hemos mencionado al hablar de la cámara oscura-que la escena encuadrada está formada por infinidad de puntos, de los que parten los citados rayos luminosos, que llegan hasta el objetivo y son desviados hasta el plano focal. Se forman dobles conos de rayos luminosos cuyos vértices están en cada punto de la escena, por un lado, y en la película, por otro (cuando la imagen está enfocada). De modo que la proyección de los puntos en la película mediante el objetivo sólo es nítida, en teoría, a la altura del vértice del cono que forman los rayos luminosos, que luego se vuelven a separar. Si la convergencia tiene lugar por delante o por detrás del plano focal, la reproducción del punto será una sección de cono, por lo que se perderá la nitidez debido a la formación de «círculos de confusión». Es evidente que esta pérdida se acentúa no sólo cuando la sección se aleja del vértice, sino también cuanto más ancho sea el cono. Pero el ojo humano no empieza a percibir la falta de nitidez hasta que el diámetro del círculo de confusión lo hace visible. En caso contrario, el desenfoque pasa inadvertido. Por lo tanto, se desmaya inadvertido. Por lo tanto, al disminuir la amplitud del cono se aumenta la nitidez aparente de aquellos planos que teóricamente no están bien enfocados. Esto explica el hecho de que al reducir la abertura del diafragma se aumenta la profundidad de enfoque, y también de que con una misma abertura relativa de diafragma la nitidez tiene más extensión con grandes angulares que con teleobjetivos. En efecto, tal como se ha explicado al hablar de la abertura relativa, a un mismo número f (por ejemplo/8) le corresponde una abertura real con un diámetro tanto mayor cuanto más larga sea la distancia focal del objetivo.

Así pues, al ajustar el diafragma no sólo se ajusta la cantidad de luz que pasa desde el objetivo, sino también la extensión en profundidad de la nitidez. Dicha extensión se llama profundidad de campo y se define como el espacio comprendido entre el plano ideal más cercano, perpendicular al eje del objetivo, y el más alejado de una escena encuadrada, que aparecen nítidos en el plano focal, y por lo tanto en el fotograma. La extensión de la profundidad de campo depende de tres factores: la abertura del diafragma, la distancia focal del objetivo y la distancia de toma. Cuanto más alejado esté el sujeto mayor será la profundidad de campo, debido a la menor relación de reproducción, que reduce la distancia entre los distintos planos. La profundidad de campo varía con el cuadrado de las distancias. Al doblarse la distancia de toma, la profundidad de campo será cuatro veces mayor. De lo que se deduce ly no deja de tener su importancia) que la extensión de la profundidad de campo es mayor por detrás del plano de enfoque que por delante del mismo.

Dentro de los límites permitidos por los otros dos factores, la profundidad de campo se puede controlar ajustando el diafragma, como ya se ha dicho. Concretamente, se dobla al doblar el número «f»: por ejemplo, al pasar del diafragma f/4 al f/8, o del f/8 al f/16, etc.

La profundidad de campo se puede comprobar de forma visual moviendo la correspondiente palanca, si la cámara dispone de ella, o leyendo las indicaciones de la escala marcada en los objetivos. Para enfocar al infinito no es indispensable, si no se usan las aberturas de diafragma más anchas, ajustar el enfoque en el mismo infinito. Basta con ajustarlo a una distancia llamada hiperfocal, con la que se dispone de la mayor profundidad de campo posible incluyendo el infinito. El ajuste en la distancia hiperfocal resulta muy sencillo con la citada escala de profundidades de campo que tienen los objetivos. En ella las muescas de los valores de abertura del diafragma están marcadas dos veces, simétricamente con respecto a un índice central. Como esta escala está enfrentada a la de las distancias, basta con hacer coincidir el signo del infinito con la muesca que indica la abertura de diafragma empleada, para leer en la muesca análoga de la parte opuesta la distancia en la que empieza la zona enfocada, y en el índice central la distancia a la que está ajustado realmente el enfoque del objetivo. La profundidad de campo es muy importante no sólo para comprobar que todo lo que tiene que estar enfocado lo está realmente, sino también por necesidades creativas, pues se varía de acuerdo con el efecto que se desea obtener. El valor de una imagen, en gran parte, puede depender de una dosificación adecuada de las partes nítidas y las partes desenfocadas. Un primer plano, por ejemplo, puede ganar en importancia si destaca sobre un fondo desenfocado, y en cambio pierde fuerza si hay elementos nítidos e insignificantes en ese fondo que lo único que hacen es estorbar y distraer la atención. Es algo a tener muy en cuenta cuando se hacen retratos.