La personalidad del fotógrafo
El conocimiento de las técnicas fotográficas, sin duda, es fundamental para evitar errores en la toma de vistas que impedirían la traducción de las buenas ideas en imágenes válidas. Pero la técnica, por sí sola, no es suficiente para hacer buenas fotografías. La sensibilidad, el sentido estético, la imaginación, la capacidad para ver y seleccionar lo más interesante, son las que unidas a la capacidad técnica permite crear imágenes fotográficas de auténtico valor. Ahí es donde interviene la personalidad del fotógrafo. Al observar una bella fotografía se descubre siempre el buen gusto, el estilo de quien la ha realizado.
El encuadre y la composición
Un buen encuadre incluye lo esencial y desecha los elementos inútiles y perturbadores. Es un resultado que se puede obtener eligiendo el objetivo, es decir, el ángulo de campo más apropiado, pero también con una buena elección de la profundidad de campo, que como se ha dicho permite separar el fondo, desenfocado, si se considera oportuno. Hay que estudiar la colocación de lo que se pretende incluir en el encuadre para que todos los elementos que formen la imagen estén armoniosamente organizados en ella.
La composición de la imagen fotográfica, al igual que otras obras de arte como los cuadros o las esculturas, tiene una importancia crucial para la validez del resultado.
Además, en la fotografía en color también hay que tener en cuenta los tonos cromáticos, sus combinaciones y su distribución. El contraste cromático más elevado tiene lugar cuando un color saturado está al lado de su complementario, también saturado (por ejemplo, amarillo y añil, magenta y verde, azul verdoso o cian y rojo). Cuando se hacen combinaciones armoniosas de colores se obtienen resultados muy vistosos.

Todo esto resultará más claro si se observa el «círculo de los colores» se juntan; en cambio, los colores contiguos armonizan entre sí. Además de esto, la presencia en una imagen del negro (o de un tono muy oscuro) destaca la luminosidad de los colores cercanos, mientras que el blanco hace que parezcan más intensos, por contraste con su luminosidad.
Cuando se incluye en una composición un sujeto cercano o un detalle destacado, se puede recurrir al clásico número áureo, dividamos mentalmente el rectángulo de la composición en tres tercios verticales y tres tercios horizontales. Las cuatro líneas que dividen el rectángulo y en concreto sus puntos de intersección A, B, C y D indican las posiciones donde se puede colocar el punto de interés de la fotografía para que la composición resulte bien proporcionada.
Es la llamada «regla de los tercios», a la que también se puede recurrir para colocar la línea del horizonte en la imagen. Por otro lado, es importante que esta línea aparezca en la fotografía completamente horizontal, porque en caso contrario toda la imagen parecería desequilibrada, «inclinada». También es fundamental la elección del punto de toma. La relación espacial entre los distintos planos de la imagen, y sobre todo entre el primer plano y el fondo, puede cambiar mucho si se varía ese punto y si además se utiliza una distancia focal apropiada.
De esta forma se puede elegir la mejor perspectiva y además se evita el riesgo de cometer errores como las superposiciones desagradables (por ejemplo, cuando coinciden colores parecidos en el fondo y en el primer plano, diluyendo el contorno de este último), o efectos indeseables (como un palo que «despunta» de la cabeza de una persona).
