El retoque es todavía más raro

El aficionado no tiene necesidad de quebrarse la cabeza por lo que se refiere al retoque en el antiguo sentido de la palabra, que implicaba, equivocadamente, una injerencia en el carácter representativo de la foto. La mejor manera de ahorrarse la necesidad de retocar es la de manipular la película con tal cuidado que se evite toda raspadura, que aparecería luego muy visible en la ampliación. El peor enemigo es el polvo, que se posa sobre la emulsión del negativo y produce manchas blancas en las partes oscuras de la foto. Y como es casi imposible hacer desaparecer totalmente las partículas de polvo, seguiremos la táctica de procurar hacer invisibles las manchitas blancas tapándose de la mejor manera que podamos en la ampliación. Los papeles mates reciben bien los trazos de un lápiz muy blando. O también pueden tapar las manchas llenándose de gran número de puntitos de pintura mediante un fino pincel de marta. Los papeles brillantes pueden asimismo admitir la corrección con el pincel, pero hay que tener el cuidado de que la pintura que se use sea de las que al secarse quedan brillantes. Si en la ampliación se ven manchas negras, debidas a algún deterioro en la emulsión, las raspamos con todo esmero mediante una hoja de afeitar y las pintaremos después a la acuarela, adecuado el tono al de la foto. Por poco coste se encuentran surtidos para retocar.

La última mano

Aquel dicho de que «por un clavo se pierde una herradura» se aplica perfectamente a la fotografía. Después de haber prodigado grandes cuidados al hacer la exposición, revelado y producción de las ampliaciones, sería una lástima que no encontráramos el medio de guardar las fotos limpias y a nuestra disposición en cualquier momento. Podrá usted optar por la adquisición de uno de esos bien presentados álbumes donde insertarlas, o mejor aún, montar cada ampliación en su respectiva cartulina y guardarlas todas en un archivador o carpeta. Éste sistema de hojas sueltas se presta a diversas ordenaciones, y a ir añadiendo las producciones ad libitum Las ampliaciones pueden pegarse en su montura con un adhesivo preparado para las fotografías (exento de ácidos que con el tiempo estropearon la foto), o con «cantoneras» transparentes, etc.

Lavado, secado y acabado de la copia

Es de suma importancia que las copias directas y las ampliaciones estén bien lavadas a fondo, de forma que no quede traza del baño fijador en la fibra del papel. Para hacerlo sin desperdiciar agua, coloque usted su barreño debajo de una espita de chorro lento. Disponga un tubo de goma de modo que uno de sus extremos llegue hasta cerca del fondo de la vasija y que el otro extremo cuelgue por fuera quedando a un nivel más bajo que el del extremo que hay dentro del agua. Inicie usted la salida del agua por este tubo haciendo una succión en el extremo que cuelga fuera. El tubo actuará entonces como sifón y dará salida al agua sucia del fondo de la vasija al tiempo que el grifo va echando agua limpia. Las copias flotaban de un lado para otro en el agua, y se las mantenía quietas mediante sujetadores de corcho. En un litro de baño fijador pueden fijarse bien unas 300 pruebas de tamaño de 1/4 de placa. Si después de haber fijado las pruebas y ampliaciones las inmersos durante dos o tres minutos en una solución de 10 gramos de carbonato sódico anhidro (o unos 27 gramos de cristalizado) en un litro de agua, el papel se lavara más eficazmente en el agua y quedará más completamente limpio de huellas de sales fijadoras. Puede obtenerse una hermosa superficie brillante prensando con un rodillo de goma los positivos húmedos puestos cara abajo sobre una placa de cristal, donde se dejan hasta que se desprenden por sí solos. No hay que decir que el cristal ha de estar escrupulosamente limpio.

Los positivos húmedos tardan mucho tiempo en secarse si se le deja simplemente a la acción del ambiente, y al estar secos quedan abarquillados y hasta enrollados en forma de tubo. Cuesta bastante trabajo alisarlos completamente. La adquisición de un secador eléctrico y una prensa de esmaltar ahorra mucho tiempo y molestias. Si al salir de la prensa los positivos salen abarquillados en vez de planos, es señal de que la prensa está demasiado caliente. Interrumpa la corriente durante dos minutos y emplea otros dos minutos en completar el secado lentamente.

Este revelador se usa sin diluirlo, y da agradables tonos negro. Neutros sobre papeles al bromuro y al cloro bromuro. También puede usarse con papeles corrientes de copias por contacto, al cloruro; pero en este caso debe doblarse la cantidad de bromuro potásico al objeto de vencer toda tendencia a la formación de velo. Si el revelador es nuevo, los papeles al bromuro se revelarán en dos minutos y medio aproximadamente. Los papeles al cloro bromuro requerirán un tiempo algo más corto, y en cambio, el revelado de papeles al cloruro de sensibilidad media necesitará unos 90 segundos. El revelador es sumamente económico, y aun cuando se vuelva de color pardo amarillento, no quiere decir que esté agotado. La coloración significa, simplemente, que habrá de aumentarse el tiempo del revelado, tal vez hasta dos veces el tiempo que se requería al principio. El tiempo de revelado, a temperatura normal, es de 80 a 90 segundos, aproximadamente. El revelador puede ir usándose una y otra vez hasta que se agote. Es aconsejable emplearlo a una temperatura de algunos grados superior a la usual, es decir, cerca de 20°. No todos los papeles son aptos para tonos negros cálidos: los papeles apropiados pertenecen al tipo cloro bromuro. Por regla general, los tonos cálidos no resultan agradables sobre papel blanco. Van mejor con papeles crema, marfil y gamuza.