Para la fotografía, como veremos oportunamente, el fotógrafo se concreta a proyectar sobre la placa, con exposiciones instantáneas, las imágenes de ambos astros ampliadas a través de los sistemas ópticos de pequeños anteojos o catalejos.
Cuando el aficionado desea dedicarse a la fotografía de estrellas y nebulosas, adquiere mucha importancia la selección de uno o más objetivos apropiados para este fin.
Entre la fotografía de estrellas y la de nebulosas es necesario, sin embargo, hacer una distinción, pues debemos llamar la atención sobre el hecho que si las primeras aparecen como simples puntos luminosos sin diámetro aparente, las segundas se presentan como áreas luminosas.
Las proyecciones focales de las estrellas que inciden sobre La placa son, puede decirse, puntos y si aparecen bajo el aspecto de pequeños discos de mayor o menor diámetro según sea el brillo de la estrella, esto parece deberse a varias causas, como ser: refracción, difracción y reflexión múltiple de la luz que forma la imagen, sobre los gránulos del halogenuro de plata suspendidos en la emulsión.
Es evidente que un objetivo captará o recogerá tanto mayor cantidad de la luz emitida por una estrella cuanto más grande sea su diámetro y, por ende, su superficie. En otras palabras, si d es el diámetro del objetivo, la cantidad de luz de una estrella captada por un objetivo es directamente proporcional a d°.
Al fotografiar estrellas, interesa registrar en la placa el mayor número de ellas en un tiempo dado de exposición y para esto, el objetivo prestará siempre mejores servicios cuanto más grande sea su diámetro o sea su abertura útil o efectiva no interesando, en este caso, su luminosidad o abertura relativa d/f, siendo f la distancia focal. Si alguien se extraña por cuanto acabamos de expresar, bastará con que reflexione que las estrellas son objetos infinitamente lejanos; la luz emitida por la estrella más cercana, no obstante su velocidad de propagación de 300.000 kilómetros por segundo, emplea aproximadamente cuatro años para llegar a nosotros; en consecuencia es fácil comprender que, por grandes que sean los reflectores que se han construido y, muy probablemente, que se construyan en el futuro, las estrellas en general no podrán aparecer en Ios oculares o en Las placas sino bajo el aspecto de puntos. Únicamente, en la observación visual o fotográfica realizada mediante los grandes espejos, aparecerá un mayor número de tales puntos.

Consideremos ahora la fotografía de objetos celestes extensos, que aparecen presentando áreas o superficies luminosas tales como las nebulosas, los cometas y los planetas. En este caso las cosas cambian de aspecto; mientras la cantidad de luz captada por un objetivo es proporcional a su área o sea a, las dimensiones lineales de la imagen focal de un cuerpo extenso son proporcionales a sus dimensiones superficiales son proporcionales a f2. Esto equivale a decir que la luminosidad de una imagen superficial en la placa es inversamente proporcional al cuadrado de la relación focal f/d y, en consecuencia, directamente proporcional al cuadrado de la abertura relativa d/f. Sé expresar esta última relación aplicando el valor unitario.
En conclusión, para fotografiar estrellas convienen objetivos de gran diámetro y, para fotografiar nebulosas, cometas y planetas, objetivos luminosos. En ambos casos, desde luego, el diafragmado resulta contraproducente y en consecuencia deben elegirse objetivos que den buenas imágenes a plena abertura.
Hechas estas premisas, pasamos ahora en breve reseña los principales tipos de objetivos fotográficos que se encuentran en el comercio y que se distinguen en acromáticos,aplanéticos, rectilíneos, astigmáticos y apocromáticos.
Los acromáticos están corregidos de la aberración cromática. Esta es producida por la dispersión de la luz policromática de un rayo luminoso de manera que, en lugar de formarse un foco único sobre el eje óptico, se forman distintos focos, uno para cada color de la luz componente el rayo luminoso. Se corrige este defecto, como puede apreciarse, acoplando un lente convergente con otro divergente. Este último produce una dispersión contraria a la del primero, anulando así sus efectos.

Los objetivos plan éticos y rectilíneos están corregidos de las aberraciones cromática y esférica y, además de coma. La aberración esférica y la llamada coma son desenfoques ocasionados por las distintas refacciones que sufren los rayos luminosos al atravesar un lente según sea el punto en que inciden en él; cuanto más cercano a los bordes se encuentre este punto, tanto mayor será el ángulo de incidencia y distinta, en consecuencia, la refracción del rayo. Los rayos incidentes paralelos al eje óptico, producen la aberración esférica y los que inciden oblicuamente producen como Consecuencia también de la aberración esférica es lo que llamase distorsión cuyos efectos es fácil notar cuando se examina una imagen cuadrada a través de una lupa; el aspecto de sus contornos puede asumir dos formas: de barrilito o de cojín. La distorsión se corrige colocando un diafragma entre dos lentes compuestos de tal manera que sus distorsiones se neutralizan recíprocamente.
