Para la fotografía de pájaros, el sitio y hora mejores son: en el nido, y muy de mañana o antes de las tres de la tarde. Como ilustración de la técnica a seguir en estos casos supondremos, por ejemplo, que vamos por un pájaro cantor cuyo nido descubrimos en un arbusto. Ante todo, ha de decidirse la posición de la cámara por lo que se refiere a la iluminación, habida cuenta la variación de la luz durante el tiempo de nuestro acecho. Apartaremos las ramas que obstruyan la vista, dejándolas convenientemente sujetas, aceptaremos el trípode y la cámara, y enfocaremos de modo que el nido quede en la parte inferior de la foto. La separación entre el nido y la cámara viene determinada por la distancia focal del objetivo. Si operamos con una distancia focal normal, podrá hacerse necesario que nos acerquemos hasta situarnos a un metro y medio del objeto. Será mejor, claro está, trabajar con objetivos de distancia focal larga, que nos permitirán ponernos lejos del nido y obtener, sin embargo, una vista de éste en primer plano. En todo caso, tanto el operador como la cámara han de escapar a la percepción de los sutiles ojos del pájaro, ocultándose en un escondite eficaz y bien disimulado. Finalmente, necesitaremos mucha paciencia para esperar que llegue el animalito y lograr nuestra foto.
Algunas aves, como buharros, milanos, cuervos, etc., pueden atraerse mediante un cebo. Las pequeñas charcas en el bosque, donde los pájaros acuden a bañarse, las playas en baja mar, las marismas, etc., son posibles campos de operación. La mayoría de las fotos acertadas se obtuvieron desde escondrijos que han de saberse escoger según las circunstancias de lugar y tiempo. Cuando no encontramos medio de ocultarnos a una conveniente proximidad, veremos si es posible valernos de un dispositivo para disparar a distancia, o de un cordel atado al disparo del obturador. La cámara podrá ir cargada con película de sensibilidad normal, ortocromática o pancromática, muy apropiadas en estos casos. Pero para exposiciones rápidas, que permitan al mismo tiempo cerrar el diafragma al efecto de conseguir suficiente profundidad de foco, se necesitará película pancromática de elevada sensibilidad. La fotografía de pájaros volando es, sobre todo, cuestión de suerte y paciencia. Las aves mayores, que baten las alas con relativa lentitud, se logran más fácilmente que las pequeñas. Pero cómo, y hasta en el primer caso, la distancia es generalmente poca y el movimiento no deja de ser bastante rápido, deberá operarse con el tiempo de exposición mínimo posible. Si no estamos demasiado cerca, y la cámara está apuntada en dirección de la trayectoria del vuelo, bastará un tiempo de 1/300 a 1/500 segundos.
La playa, a la que pueden acudir los pájaros atraídos por un cebo, es un buen cazadero de fotos. Pero para conseguir buenos resultados se requieren películas de emisión muy sensible, y tiempo claro. El único medio eficaz de ir siguiendo con la cámara la «pista» del movimiento es valerse del sencillo visor de visión directa, puesto a nivel del ojo. Los mamíferos tales como nutrias, tejones, zorras, comadrejas, armiños, ardillas, ratones, ratas de agua, liebres, conejos, ciervos, etc., tienen el olfato finísimo, y son tímidos y cautelosos. Hay que estudiar bien sus costumbres, al objeto de saber decidir la mejor posición de la cámara. Y puesto que muchos de estos animales duermen durante el día, las horas más a propósito para captarlos serán las de la madrugada y las del atardecer. Las fotografías se harán siempre de cara al viento (a sotavento del animal). Si queremos poner un cebo, usaremos carne de cualquier clase para atraer a la zorra, la miel servirá para el tejón, y el pescado fresco para la nutria. Muy pocas veces se podrá operar desde una distancia menor de 5 metros; y se comprende la gran utilidad de un teleobjetivo, a fin de conseguir una vista con suficiente acercamiento. Para mamíferos en movimiento normal (que no vayan perseguidos), cruzando el campo del objetivo a 5 metros de distancia, el tiempo de exposición variará entre 1/50 y 1/500 segundos. Es esencial, por lo tanto, el uso de material pancromático rápido, cuyo empleo se justifica, sobre todo, por ser necesario en la mayoría de los casos hacer la exposición. faltos de color, no lo son para el material fotográfico. Las sombras azules. Nuestra película, muy sensible a este color, lo acusara con de luz solar se reproducirá en el negativo con igual vigor, resultando que, en lugar de nieve en polvo granulada, y hielo que brilla.
Obtendremos un extenso campo de uniforme blancura, carente precisamente de aquellos delicados detalles que pudieran inducirnos a tomar la foto. De aquí se infiere la conveniencia de usar un filtro amarillo al fotografiar estos temas. En caso de ser pancromática la película, bastará un filtro amarillo claro. Debe tenerse presente que, si durante el resto del año este tipo de filtro ha operado con un factor de 2x, habrá de usarse con un factor de 3x en caso de nieve, dado que la luz de ésta es esencialmente azul, y el vidrio amarillo elimina una parte de este color azul, del cual está constituida principalmente la foto. En la mayoría de los casos, los grandes espacios nevados defraudan a quien quiso captarlos en una foto. Las vistas a poca distancia. Y las de muy cerca, satisfacen más. El brillo frío de la nieve y del hielo quedan mejor expresados con fuerte iluminación lateral, y preferentemente a contraluz, sobre todo cuando se toman en primeros planos. No ha de olvidarse que, si las lentes del objetivo están frías y se calientan al pasar al bolsillo o a una habitación caldeada, pueden empañarse por condensación de vapor y perder su transparencia durante algún tiempo. Téngase paciencia, y deje que se evapore esa condensación antes de volver a usar la cámara.
