La aparición de imágenes con aspecto caudato, es decir, con forma de trazo o cola, producto de defectos en la emulsión fotográfica, puede inducir a errores incluso a los observadores más experimentados. Cuando se examina cuidadosamente una placa, estos signos pueden generar confusión. En más de una ocasión, astrónomos profesionales han dudado ante un pequeño trazo registrado en una placa tomada en la región de la eclíptica, con todas las características de una posible trayectoria de asteroide. Este tipo de objeto celeste, desde luego, se desplazaría con respecto a las estrellas fijas durante el tiempo de exposición.
El propio autor de estas líneas recuerda haber sospechado en una oportunidad que una imagen caudata presente en una placa podía corresponder a un cometa, ya que mostraba un núcleo difuso y una pequeña cola, compatible con la forma de estos astros errantes y tenues. También se han registrado casos de falsas imágenes con aspecto cometario que fueron tomadas como hallazgos potenciales, hasta ser descartadas.
Este fenómeno fue tratado en profundidad por el astrónomo del Observatorio de La Plata (República Argentina), el Dr. Bernhard H. Dawson, en un artículo publicado en la Revista Astronómica en 1939. En ocasiones, estas imágenes defectuosas pueden adoptar forma puntiforme, muy similar a la de una estrella real, lo que ha llevado en algunos casos a creer que se había descubierto una nova.

Para evitar estas emociones momentáneas, que con frecuencia terminan en desilusión, y para eliminar cualquier duda que pueda resolver fácilmente un ojo entrenado o una segunda exposición, resulta evidente la importancia de manipular las placas con extremo cuidado. Así se minimiza la aparición de imágenes espurias que, en muchos casos, tienen origen en fallas de fabricación de la emulsión, ajenas al operador.
Por lo tanto, se recomienda que el aficionado numere cada placa en su ángulo superior derecho, con un número de orden progresivo que también debe registrar en un cuaderno o ficha de placas expuestas. Estos números, escritos con lápiz sobre la emulsión antes de la exposición, permanecen indelebles, ya que al ejercer presión al escribirlos, quedan grabados en la gelatina fotográfica. Una vez reveladas, estas marcas se imprimen como cualquier otra imagen, facilitando la identificación segura de cada negativo.
