La placa fotográfica en la observación astronómica

En el ámbito de la fotografía astronómica, la placa fotográfica ha sido tradicionalmente preferida por sobre la película. Esta preferencia no es arbitraria, sino que responde a múltiples razones de carácter técnico y científico.

En primer lugar, las placas fotográficas se fabrican en una gran variedad de tipos y características específicas, lo que las hace especialmente aptas para investigaciones científicas. Algunas de estas variantes presentan propiedades que resultan de particular interés en la fotografía del cielo profundo y los cuerpos celestes.

Una de sus principales ventajas es la planitud de su superficie, superior a la de la película. Esta característica garantiza una mayor estabilidad durante los tratamientos de laboratorio, y una menor alteración frente a cambios de temperatura o humedad ambiente. En consecuencia, se vuelve ideal para usos donde la precisión es crítica, como en las mediciones de posición estelar.

Otro aspecto relevante es su mayor durabilidad en el tiempo. Mientras que la película puede degradarse, la placa conserva su integridad durante décadas. Este atributo es esencial en astronomía, ya que muchos descubrimientos dependen de comparar imágenes tomadas con años, o incluso décadas, de diferencia, sobre una misma región del cielo.

Desde el punto de vista funcional, la placa cumple un rol análogo al de la retina del ojo en la observación visual. Mientras que la retina transforma la luz en señales eléctricas que el cerebro interpreta como visión, la placa fotográfica registra la luz mediante una emulsión sensible. Esta emulsión está compuesta por millones de diminutos gránulos de halogenuro de plata, generalmente bromuro, suspendidos en gelatina.

Cuando la luz incide sobre la placa, se produce lo que se conoce como una imagen latente: una alteración microscópica de los gránulos que, al ser sometidos al proceso de revelado, se convierte en imagen visible. Aunque se han realizado numerosos estudios para entender la naturaleza exacta de este fenómeno, su esencia aún escapa a una explicación definitiva y permanece, en muchos aspectos, envuelta en misterio.

Es importante destacar que, aunque el ojo humano es mucho más sensible que la placa (puede reaccionar a un número ínfimo de cuantos de energía), no posee una capacidad acumulativa. Es decir, no puede almacenar luz a lo largo del tiempo. La placa, en cambio, sí lo hace: tras exposiciones prolongadas, logra registrar fenómenos lumínicos invisibles a simple vista. Como bien señala el astrónomo E. S. King, esta propiedad de la placa es tan maravillosa como las propias imágenes del universo que revela.