Así como existen los telescopios refractores cuyo componente principal es un objetivo que actúa por refracción sobre los rayos luminosos, también existen los telescopios reflectores, que se basan en grandes espejos parabólicos. Estos aprovechan la propiedad de la luz de reflejarse en esas superficies y volver sobre sus pasos hacia el foco.
No son pocos los aficionados que saben construir telescopios reflectores. La Asociación Argentina Amigos de la Astronomía, por ejemplo, dispone de un taller en su sede social y observatorio, donde los socios pueden construir sus propios espejos. Esta entidad incluso ha publicado un folleto técnico recomendable para quienes deseen adentrarse en la construcción de estos instrumentos.
Los telescopios reflectores presentan ventajas frente a los refractores, especialmente como instrumentos fotográficos. Los espejos parabólicos son perfectamente acromáticos y reflejan todas las radiaciones luminosas, incluyendo las ultravioletas, que en cambio son absorbidas, total o parcialmente, por los lentes de los objetivos refractores. Sin embargo, el uso de espejos parabólicos pequeños, de entre 20 y 25 cm de diámetro, no suele resultar práctico para fotografía astronómica de aficionados.
Telescopios refractores y la cámara Schmidt
Los telescopios refractores son accesibles para los aficionados, pero presentan limitaciones: su campo útil es pequeño, requieren relaciones focales altas y necesitan monturas costosas. Por estas razones, se destaca un sistema óptico más avanzado y eficaz en fotografía astronómica: la cámara Schmidt.
Este dispositivo combina un espejo esférico con un lente corrector, lo que permite obtener imágenes de gran campo, alta luminosidad y gran definición con exposiciones mucho más cortas que las que requieren los objetivos convencionales. Aunque su construcción es compleja, es más sencilla que fabricar un espejo parabólico equivalente, y el costo se mantiene relativamente bajo.

El lente corrector compensa la aberración esférica propia de los espejos esféricos, modificando los ángulos de incidencia de los rayos de luz para que converjan en un mismo punto. Esto asegura imágenes nítidas, incluso fuera del eje óptico, y casi sin distorsiones. La aberración cromática es mínima y despreciable en la práctica.
La superficie focal de la cámara Schmidt es esférica, lo que exige usar películas flexibles que se adapten a un tambor metálico curvado, en lugar de placas rígidas. Existen distintas opiniones sobre el tamaño ideal del lente corrector respecto al espejo, ya que su fabricación implica desafíos técnicos importantes.
En conclusión, la cámara Schmidt, aunque compleja, ofrece un rendimiento óptico excepcional. Es un sistema ideal para la astrofotografía de campo amplio, y representa una opción avanzada para los aficionados con experiencia en óptica.
