Películas en blanco y negro 

Aunque este libro está dedicado al color, resulta obligado hacer una breve mención de esta clase de películas. Hoy día se usa mucho menos el blanco y negro que el color, porque entre otras cosas, para obtener buenos resultados, el revelado de la película y el tiraje de las copias lo tiene que hacer uno mismo, ya que los laboratorios están automatizados y el blanco y negro requiere un cuidado especial, muy personal. El blanco y negro brinda más posibilidades que el color para que el fotógrafo haga su propia interpretación de la realidad, para que construya imágenes siguiendo un propósito muy concreto, a lo que contribuye la elaboración en la fase de tiraje, con la elección de tonos, contrastes, corte de la imagen, tipo de papel, etc. A partir del mismo negativo, el fotógrafo puede obtener imágenes muy distintas desde el punto de vista expresivo.

En una palabra, el blanco y negro ofrece muchas más posibilidades de intervención que el color. La fotografía se hace en dos etapas, la toma y la fase de revelado y tiraje. Por eso se comprende que en la actualidad los aficionados y los auténticos artistas de la fotografía suelan preferir el blanco y negro.

Películas negativas en color 

De uso muy generalizado, dan lugar a imágenes negativas con colores complementarios de los reales (aunque esto no resulta tan evidente ya que por razones técnicas una capa naranja enmascara los colores). Durante el tiraje se produce la inversión de los colores, de modo que en la copia aparecen los reales. El problema de las películas negativas en color es que no siempre se reflejan en ellas todas sus posibilidades, dada la estandarización de los procesos de revelado y tiraje automático.

Películas invertibles en color 

Son las más aconsejables, aunque no resulten tan fáciles de usar como las negativas, pues con ellas la fase de toma de vistas es crucial, tanto en lo que respecta a la exposición, que tiene que ser muy exacta, como al encuadre de la imagen, que no se puede cambiar. Proporcionan fotogramas positivos en la misma película, que después del revelado se somete a un tratamiento de inversión de modo que la imagen pasa de ser negativa a positiva. Así se evita el paso del tiraje, que de todos modos también se puede hacer, con papel invertible, partiendo directamente de las diapositivas. Evidentemente, éstas tienen formato de película, y hay que observarlas por transparencia, con visores que las aumentan, o proyectándose.

Si la exposición es correcta, estas películas son las que tienen más calidad cromática, por lo que constituyen el mejor material sensible en color. El fotógrafo, al observar sus diapositivas, tiene un conocimiento exacto de los resultados que ha conseguido, lo cual es muy positivo también para el principiante.