Una vez hecha la exposición en la prensa, vuelva a cubrir ésta con el cartón, y llévela de nuevo a la mesa donde están las cubetas. Retire de la prensa el papel impresionado e introdúcelo en el revelador con la cara brillante hacia arriba, teniendo cuidado de que no queden burbujas de aire en su superficie. Balancee lentamente la cubeta de modo que el líquido esté constantemente en movimiento. La cubeta puede permanecer descubierta, a condición de que esté en la sombra proyectada por usted. En los primeros momentos, el papel seguirá siendo tan blanco como cuando salió de la caja. Pero pronto empieza a aparecer la foto positiva, débilmente al principio, y con mayor vigor a cada segundo que pasa. Y es realmente impresionante el ir viendo surgir detalles en aquella superficie donde nada percibimos. No espere conseguir resultados perfectos en su primera operación de positivado. Puede ocurrir que la prueba salga demasiado oscura, o hasta enteramente negra. Esto le diría que la exposición fue excesivamente larga, y es un defecto que podrá corregir dejando menos tiempo a la acción de la luz la segunda hoja de papel que exponga. Si, al contrario, la imagen aparece con exagerada lentitud al revelar, y no ha alcanzado pleno vigor después de dos minutos de acción del revelador, querrá decir que la exposición a la luz fue excesivamente corta. De modo que la próxima vez deberá usted poner la prensa a la misma distancia de la luz que antes. Pero durante más tiempo. Pronto aprenderá, por experiencia, a decidir el valor de este único factor variable, o sea el tiempo de exposición a la luz para producir buenas fotos.
Los pasos subsiguientes
Si todo ha ido bien en el revelado-(recuerde: tiempo máximo permitido, 2 minutos)- pase usted a lavar bien la prueba positiva en el agua clara de la correspondiente cubeta, que habrá mantenido tapada.
Cuando se han hecho desaparecer por este lavado las trazas del revelador, se introduce el papel en el baño fijador, debidamente tapado por ser el positivo todavía sensible a la luz, y se deja allí durante 10 minutos.
La positiva, al quedar fijada por esta acción, ya no es afectada por la luz, y se lava en agua clara. Cómo necesitará ahora bastante agua, llene un plato grande y cambie el agua seis veces en el curso de una hora. Sería más rápido y expeditivo el lavado de los positivos en agua corriente. Finalmente se sacan los positivos del baño, se absorbe con cuidado (mediante un papel secante blanco, o papel de filtro) el agua sobrante que quedó en su superficie, y se extienden sobre un papel secante limpio para que se sequen. Es un procedimiento algo largo. Pero como quiera que hace usted el positivado por la noche, las pruebas tendrán tiempo de secarse bien hasta la mañana siguiente. Al levantarse de la cama las encontrará completamente secas. Pero abarquilladas. Para aplanarlas, empezará usted por disminuir su curvatura pasándolas muy cuidadosamente, y con la fotografía hacia arriba, por el borde de una mesa, vigilando que no se produzcan pliegues. Y por último se prensan entre las hojas de un libro grueso. Si necesita usted tener las pruebas secas y aplanadas en pocos minutos, habrá de gastar dinero en la adquisición de un secador eléctrico y una prensa.
El papel para positivar
Dado que las pruebas positivas obtenidas por contacto con el negativo (como acabamos de explicar) son más bien pequeñas, serían mejor y más clara reproducción de detalles en fotos de reducido tamaño trate de traducir el efecto de atmósfera en fotos de paisaje. En las tomadas a contraluz, por ejemplo. También hay posibilidad de lograr efectos adicionales mediante el empleo de papeles que ofrecen a la foto un fondo, o base, de determinada coloración. La coloración de uso más extendido es la de un discreto amarillo crema. Se ofrecen otras coloraciones, pero importa mucho saber elegir la más apropiada para servir de fon.do al tema que se reproduce. Así, por ejemplo, no tendrá éxito la fotografía de una escena de nieve sobre papel verde, y a la mayoría de las personas no les gustaría nada que les hiciesen un retrato con fondo de este color especial.
¿DURO O SUAVE?
Algunos defectos del negativo pueden corregirse, hasta cierto punto, por el uso de un tipo de papel acertado. Corrientemente. Las manufacturas de papeles para copias los ofrecen de siete grados distintos de «dureza» (gradaciones) nada menos, y muchos de ellos existen con superficie brillante y con superficie mate, de color blanco y de color crema. Para una película correcta de exposición y de revelado, que presenta gradaciones normales de claro a oscuro, se usa un papel normal. En cambio, un negativo duro, esto es, con grandes contrastes de luz y sombras, requiere un papel suave, que amortigüe esos efectos extremados. Al contrario, un negativo flojo, caracterizado por su carencia de contrastes de luz, necesita un papel duro o extra duro. En casos aparentemente irremediables cabe probar los papeles extra suaves o los superduros. Con negativos densos, así como con los transparentes se sacan las copias en papel normal, o todo lo más en papel duro y se regula el tiempo de exposición de las pruebas, según sea la densidad de la película. Si ésta adolece de sobreexposición, es decir, con las partes negras muy densas, la prueba necesitará un tiempo de exposición largo, y cuando el negativo tiene poca densidad (transparente), la copia se hará rápidamente.
