
Descripción
Tres fotografías realizadas con tres distancias focales distintas que suelen formar parte de la colección de todo aficionado, reproducidas para mostrar la diferencia de ángulo de campo de los tres objetivos: el normal de 50mm, un gran angular de 28 mm y un teleobjetivo de 200 mm.

Objetivo
Ver descripción.
Exposición
En automático.
Enfoque
Al infinito.
Realización técnica
Las tres fotos se han hecho desde el mismo punto de toma con cámara de objetivos intercambiables. No olvidar que cuando se usan teleobjetivos sin trípode la fotografía puede quedar movida, por lo que hay que sujetar bien la cámara. Recordemos una vez más una regla empírica muy útil: el denominador de la fracción del tiempo de exposición no tiene que ser inferior al que indica la distancia focal. Por ejemplo, con un 200mm no se debe usar un tiempo superior a 1/250 de segundo, es más, si la luminosidad y la sensibilidad de la película lo permiten, usar 1/500.
Observaciones
En la fotografía de paisajes, los grandes angulares sirven sobre todo para resaltar la inmensidad de los espacios, pero también son útiles cuando se quiere que entre en el encuadre la mayor parte posible del paisaje. Téngase en cuenta que una distancia focal de 28 mm tiene un ángulo de campo de 74°, una de 50 mm de 46° y una de 200 mm de 12,20°. Diferencias notables, como puede verse, que se reflejan en las respectivas relaciones de reproducción: a la misma distancia, un objeto fotografiado con un 200mm aparece en el fotograma cuatro veces más grande que cuando se usa un 50 mm, y unas siete veces más grande que con un 28 mm. Los teleobjetivos son adecuados para aislar detalles significativos de un paisaje, aunque estén relativamente cerca, y son irreemplazables cuando se trata de acercar grandes detalles alejados (sobre todo si resulta difícil acercarse más a ellos), como este imponente Castello Aragonese de las fotos de la derecha, tomadas desde Carta Romana (isla de Ischia, Italia).
Referencias
Normal, grandes angulares y teleobjetivos.
Los momentos del día



Descripción
La luz natural puede variar muchísimo no sólo con las condiciones atmosféricas, sino también con las estaciones y las horas del día. En las tres fotografías vemos tres momentos del mismo día despejado en la montaña. La primera se obtuvo por la mañana, poco después del amanecer. La luz que ilumina la cumbre todavía tiene una tonalidad cálida; en cambio, las sombras del valle son frías porque predomina la luz reflejada de la bóveda azul del cielo. En muchos tipos de tomas hay que tener en cuenta esta dominante fría para corregirla con un filtro skylight: por ejemplo, en días con cielo parcialmente cubierto y, si se fotografía desde zonas en sombra, también cuando el cielo está sereno. La segunda fotografía se ha obtenido en el momento central del día. Los colores de las zonas iluminadas por el sol se reproducen fielmente, mientras que en las sombras todavía predominan los tonos fríos. La tercera fotografía corresponde al final de la puesta del sol, y se caracteriza por una sugestiva dominante cálida, también en las sombras, porque la luz dorada ya ha invadido el cielo. En las tres imágenes las sombras son muy oscuras, porque en los días de aire límpido los contrastes son intensos.
Objetivo
28 mm.
Exposición
En casos similares a estos conviene exponer en las zonas bien iluminadas para conseguir una buena saturación de los colores donde verdaderamente interesa (en las cumbres). No se pueden sobreponer dichas zonas para tratar de aclarar las sombras del valle: eso haría que se velaran las partes más luminosas y llamativas.
Enfoque
Al infinito.
Realización técnica
Si se desea obtener una secuencia como esta, hacer todos los disparos desde el mismo punto. Se puede tomar nota del encuadre haciendo un bosquejo, aunque lo mejor es dejar la cámara montada en un trípode, en la misma posición. Elegir los momentos más significativos de cada una de las condiciones de luz. Es mejor hacer bastantes tomas.
Referencias
Tres factores interdependientes: tiempo, diafragma y sensibilidad de la película. Filtros específicos para la fotografía en color. Luz y atmósfera.
Un árbol a lo largo de las estaciones




Descripción
Cuatro imágenes obtenidas a lo largo de un mismo año para ilustrar el aspecto de un árbol en invierno, primavera, verano y otoño. En la estación invernal el árbol tiene un aspecto escuálido, esquelético; el fondo es un cielo gris y frío. La imagen, dura, casi monocromática, casi sin color, expresa melancólicamente la falta de vida. Pero con la primavera todo cambia de manera rápida y espectacular. Las flores rosas que destacan radiantes sobre un cielo de un azul suave, y el verde tierno al pie del árbol, hablan de la vuelta de la buena estación, del despertar de la naturaleza, del renacimiento de la vida. Luego viene el verano: el cielo, no tan claro a causa de la calina, las hojas, las flores ya marchitas, una imagen un poco cansina. Por último, el otoño: las hojas amarillentas, los colores tenues, la dulzura de algo que se desvanece, la certeza de que el tiempo corre y dentro de poco la naturaleza, el mundo de alrededor, volverán a ser grises, y la vida se adormecerá.
Objetivo
50 mm.
Exposición
En automático.
Enfoque
Ninguna dificultad.
Realización técnica
Cuatro o más tomas realizadas en cuatro momentos favorables de cada una de las estaciones. Una vez obtenida la primera imagen después de haber elegido el mejor encuadre, llevar consigo la diapositiva o la fotografía correspondiente para consultarla al hacer las demás. Así se podrá comprobar, después de observar todos los detalles, que el lugar, el punto de toma y el encuadre son exactamente los mismos. Conviene usar trípode.
Encuadres horizontales y verticales


Descripción
Con formatos rectangulares como el 24 x 36, qué son los que tenemos en cuenta en este libro, cuando visualizamos una imagen nos decidimos por el encuadre horizontal o vertical no sólo en función del tipo de sujeto, sino también del tipo de composición que se pretende lograr. Una tendencia lógica es encuadrar verticalmente los sujetos de desarrollo vertical (una torre, un rascacielos, un árbol, etc.) y horizontalmente los que se extienden a lo ancho, como muchos paisajes. De todos modos, no se puede establecer ninguna regla, porque como es natural el gusto y la sensibilidad del fotógrafo son los que tienen la última palabra. Hay casos, sin embargo, en que ambos tipos de encuadre son válidos, o por lo menos atractivos, tanto por motivos de composición como por el hecho de considerar de interés ciertos detalles que en el encuadre alternativo quedarían excluidos. En estos casos se suele optar por los dos encuadres. A la derecha tenemos dos buenos ejemplos de ello: el sujeto son las famosas cataratas de Iguazú, vistas desde territorio brasileño y desde arriba. En la foto horizontal prevalece el aspecto panorámico de la zona alta, incluyendo en el encuadre una buena porción de cielo con hermosas nubes. El resultado es una imagen agradable, interesante por la belleza del lugar, pero insuficiente como documental. En cambio, la segunda imagen muestra con mucha más claridad la fuerza de las cataratas y la impresionante altura del salto de agua. Así pues, conviene elegir el encuadre más apropiado para el sujeto, aunque la tendencia a sostener la cámara de la forma más cómoda nos lleva, por pereza y de manera inconsciente, a hacer más encuadres horizontales que verticales.
Objetivo
28 mm.
Exposición
En automático.
Enfoque
Al infinito.
Realización técnica
Tratar de incluir en la imagen todas las partes importantes de la escena que nos permitan la amplitud del ángulo de campo y las necesidades de la composición. Comprobar los bordes de encuadre para no cortar detalles significativos y, lo que es muy importante, para mantener el paralelismo del horizonte con los bordes superior e inferior.
Referencias
Normal, grandes angulares y teleobjetivos. El encuadre y la composición.
