Si examina usted la emulsión después de haber sido impresionada, no podrá descubrir que haya ocurrido nada. Y sin embargo.se ha producido una modificación: la fugaz imagen proyectada por el objetivo dejó su huella sobre la película. Mas no es posible ver el menor indicio de ella ni con auxilio de la lente más potente. Para que se manifieste es preciso aplicar un tratamiento químico, gracias al cual van apareciendo los detalles, uno a uno, hasta completar la foto. Pero es una fotografía de extraña índole. Todas las cosas que en la vida real vimos blancas aparecen negras en la película, y en cambio, las partes oscuras de los objetos reales salen claras. Las personas que nos son perfectamente conocidas parecen de raza negra, al tiempo que el gato «Negrito» podría tomarse por la gatita «Bola de Nieve» del vecino. Ahora bien, ese estado de cosas trastornado no debe preocuparnos, puesto que con este «negativo» podrán producirse, por un segundo proceso, tantas copias «positivas» como usted quiera, en las cuales los blancos y los negros estarán en el lugar que realmente les corresponde. Y hasta es posible obtener, a base del mismo negativo, ampliaciones de mucho mayor tamaño que éste y de mucho mayor efecto que la foto sin ampliar.
El procedimiento más cómodo
El tratamiento de las películas impresionadas requiere cierto número de utensilios, unos pocos productos químicos y alguna destreza. Son miles los aficionados que resuelven la cuestión entre revelar, sacar positivos y hacer ampliaciones. Y para las personas muy ocupadas no hay mejor manera de obtener buenos resultados, pero hasta a esas mismas personas podrá serles útil enterarse del contenido de las páginas siguientes. Los conocimientos que pudiesen adquirir de este modo les ayudarían a hacer su encargo. Con más precisión que antes.
Un procedimiento mas interesante
Por otra parte, hay no pocas personas que pasan horas agradabilísimas practicando las operaciones de revelar los negativos que ellas mismas impresionaron, sacar copias positivas y producir ampliaciones. Lo que disfrutan haciendo estos trabajos les compensa sobradamente de todos los fracasos que puedan sufrir. Qué importan algunos negativos malogrados, o una que otra copia «impresentable», si se tiene después la satisfacción de decir: «Me lo he hecho todo yo»? El procedimiento es indudablemente más laborioso, pero da mucho más juego.
El método usual
En la mayoría de manuales de fotografía para aficionados se sigue siempre un mismo programa. En primer lugar, se les explica cómo se obtiene el negativo con la película o placa impresionada; viene luego la explicación del modo de hacer copias positivas en papel por contacto y ampliaciones, partiendo de dicho negativo. Es, sin disputa, un procedimiento lleno de lógica, porque está claro que para poder obtener una copia positiva necesitamos tener antes un negativo de donde sacarla. Pero, así y todo, cabe la duda de si en realidad éste es el mejor método para una sólida instrucción del principiante. Efectivamente, si algo hay difícil en el arte fotográfico es, sin duda alguna, el revelado de negativos. La capa de emulsión que llevan las películas y placas no es tan resistente como la del papel de copias. De modo que si durante el proceso del revelado la acción química fue excesiva en unas partes y débil en otras, el negativo puede resultar muy perjudicado, si no queda completamente inutilizado. Y la pérdida de un negativo significa que se pierde también todo lo que de él dependía. En cambio, si se desgracia una copia en papel, no implica una pérdida total, ni mucho menos, por ser fácil obtener otra con el mismo negativo, procurando hacerlo mejor esta segunda vez. Tratándose de copias, puede decirse aquello de: rey muerto, rey puestos.

Sugerencia de un nuevo plan
De las consideraciones que anteceden se deriva la siguiente su-gerencia, ciertamente inusitada: Mande usted sus carretes impresionados a un laboratorio de confianza, para que se los revelen, y empiece luego su participación en el proceso fotográfico con las manipulaciones necesarias para sacar copias positivas en papel, revelarlas y fijarlas. Cuando domine ya estas operaciones de positivado, podrá usted pasar a las ampliaciones; y finalmente, llegado el momento en que, gracias a la práctica adquirida, todas las operaciones le parezcan cosa corriente, atrévase a revelar sus películas o placas. Este método, exactamente opuesto al recomendado corriente-mente, es indudablemente el más seguro. Le lleva a usted, paso a paso, desde lo más sencillo a lo más difícil, y de tal suerte que los errores y fracasos, de inevitable ocurrencia en los comienzos, no afectan al negativo, irreemplazable muchas veces, sino a la copia únicamente.
Variantes
Para los poseedores de cámara miniatura varía algo el orden a seguir en el procedimiento. Las copias hechas directamente sobre el negativo no les interesan mucho, dado lo poco que hay por ver en una foto de 24×36 mm. Así es que ordinariamente prescinden de esas copias directas y van francamente a las operaciones de ampliación. También se da corrientemente el caso de aficionados que se contentan con las copias directas, debido a que su1 cámara les produce fotos de 6×6 cm, de 6×9 cm o aún mayores; y como no les interesan las ampliaciones y es lástima-pasan directamente de las enseñanzas del positivado» al revelado de sus propias películas.
